El cofla de Catriel

Una bitácora de sueños, sentires y otras yerbas desde Catriel, "Puerta norte de la PATAGONIA ARGENTINA".

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21 mayo 2007

Recordando a Don Jaime de Nevares

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Don Jaime, como le gustaba que lo llamaran, siempre vinculó su misión eclesiástica con la lucha por la democracia y los derechos humanos.

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“Estoy pidiendo pista.” Ni siquiera en su lecho de muerte perdió su célebre sentido del humor. El 19 de mayo de 1995 dejaba este mundo el obispo Jaime de Nevares, “el monse”. O, como él prefería, simplemente “Don Jaime”.
Figura definitiva en la conformación de la memoria colectiva neuquina, De Nevares perdió hace doce años la batalla contra el cáncer. Sacerdote, luchador por los derechos humanos, voz de los que no la tenían, consejero, amigo y tanto más, se fue para quedarse para siempre.
Jaime Francisco de Nevares nació en el seno de una familia acomodada de Buenos Aires el 29 de enero de 1915. El llamado espiritual lo llevó a entrar en la Comunidad Salesiana, donde fue ordenado sacerdote en 1945. Llegó a la Patagonia en 1961, cuando el entonces papa Juan XXIII lo nombró obispo de la recién creada Diócesis de Neuquén. Oscar Ragni y su esposa Inés lo conocieron en ese entonces. “Nuestra relación con Don Jaime empezó porque su familia tenía vinculaciones con la de Inés. Recuerdo que era muy abierto, así que pronto había hecho infinidad de amistades”, rememora Oscar. “En ese entonces la ciudad no era lo que es hoy en día. En este barrio no había capilla, así que a veces él venía y oficiaba misa acá en casa.”
En 1969 se hizo patente su vocación de lucha, y no había dudas sobre el lado que Don Jaime había elegido. “Un momento de quiebre en su trabajo como obispo se da durante la huelga de obreros de El Chocón, que vivían y trabajaban en muy malas condiciones”, continúa Ragni. “El les dio un respaldo impresionante, negándose a subir al palco oficial durante los actos hasta que fueran atendidos los reclamos de los trabajadores.”También fue un pionero en involucrarse en la problemática aborigen local. Rubén Capitanio, párroco de Centenario recuerda que “fue uno de los primeros en ver que, en el norte de la provincia, los aborígenes y los criollos pobres estaban muy mal, y su lucha también pasó por ahí”.
Era un personaje que, pese a provenir de la clase alta, no dudaba un instante en arremangarse y trabajar codo a codo con los más pobres.
Inés de Ragni, integrante de Madres de Plaza de Mayo, afirma que “fue un hombre de una sensibilidad especial, un sacerdote que trascendió los límites del Evangelio y con eso marcó a toda la sociedad”. Esta vocación de servicio lo llevó a ir más allá de todos los límites. Como bien dice Oscar, “en la época de la dictadura se le plantó a los leones. De hecho, él fue el escudo protector que tuvimos en la zona, porque los militares tenían órdenes de no tocar al obispo. Una vez le avisaron que se habían llevado a un cura, y ahí nomás se fue, a las doce y pico de la noche, a patearles la puerta del Distrito. Y esto no es una manera de decir, eh: en esa época en la que casi nadie se animaba siquiera a hablar, él iba y les pateaba la puerta”.
De Nevares fue miembro fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), y también lo eligieron para representar a Neuquén en la Convención Nacional Constituyente para la reforma de la Carta Magna, en 1994. Sin embargo, renunció a este cargo cuando supo que la reforma no se trataría en detalle: en el Pacto de Olivos, los ex presidentes Alfonsín y Menem acordaron el ya famoso “Núcleo de coincidencias básicas”, un paquete que no se trataría artículo por artículo y que fue el que permitió, entre otras cosas, la reelección del riojano.
Más allá de la vocación de lucha del “monse”, “siempre le gustó estar cerca de la gente, y soñaba con una Iglesia que también lo estuviera”, evoca Capitanio. “Más que una Iglesia encerrada en grandes templos realizando ceremonias pomposas, él apuntaba a salir a celebrar la fe con los pobres.” Así fue que se negó a terminar la entonces inconclusa catedral neuquina “hasta que no se hubiera acabado con el hambre” en la región.
Muchas de las fotos de Don Jaime lo muestran prendido al mate. Era más que una bebida: era un símbolo. “Cuando él te mandaba a los barrios, no te decía andá a trabajar a tal lugar. Lo que te decía andá a tomar mate con esta gente. El sabía todo lo que significa el mate, que a diferencia del té no te lleva cinco minutos sino que implica disponer de tiempo para compartir. Al rato de estar tomando mate con la gente, ellos solos empezaban a contarte sus cosas”, continúa el cura de Centenario. “Fue un hombre muy preocupado por la realidad que vivía la sociedad, y no sólo desde la perspectiva religiosa. El no sentía como ajena ninguna necesidad humana. Esa solidaridad, esa mirada comunitaria, parecen muy raras hoy en día. Por eso ha sido reconocido en todos los sectores de la sociedad.”
Desde su investidura no buscó siervos para la Iglesia, sino que puso ésta al servicio de la gente. “Los que hemos visto la evolución de la Iglesia neuquina vemos un cambio notable. Desde la ostentación, se fue para arriba: tiene una catedral que ve desde lejos, con una gran torre y muchas cosas bonitas adentro”, opina Oscar. “Lo cual estaría muy bien, si no fuera porque desde lo espiritual, como institución que trabaja para la gente, ha caído mucho. Es decir: la Iglesia no es una institución de beneficencia, pero debe poner sus bienes a disposición de la comunidad.” Así lo entendió Don Jaime al crear el Club del Soldado.
Inés cuenta que “los conscriptos que salían de franco los fines de semana muchas veces no tenían dónde quedarse, y a veces él llegaba el domingo a dar misa y se encontraba con alguno durmiendo en la puerta de la iglesia. Entonces decidió crear en la casa parroquial un lugar en el que esos chicos podían pasar el fin de semana. Hasta poco antes de su muerte seguían visitándolo hombres que habían hecho la conscripción en Neuquén y había pasado por el Club del Soldado, para saludarlo y agradecerle”.Por su trabajo, a De Nevares le llegaban toneladas de correspondencia, y se tomaba muy en serio la obligación de responderla. Inés cuenta que “recibía una cantidad enorme de cartas de todo tipo: pidiendo, agradeciendo, consultando… y él contestaba todas y cada una de esas cartas a mano, porque no le gustaba escribir a máquina”.
Pero no sólo era un luchador incansable y un hombre ejemplar. Inés recuerda sonriendo los rasgos del hombre común. Por ejemplo, que al “monse” no sólo le encantaba tomar mate. “Era locura que tenía por la empanadas y el vino tinto. Cuando organizábamos alguna comida en casa, era muy común que compitiera con otro a ver quién comía más empanadas.” O la anécdota de sus trajinados borceguíes. “Usaba siempre unos botines de montaña que estaban muy rotos, tanto que las suelas estaban llenas de agujeros. Cuando le preguntamos por qué no los arreglaba, él nos contestaba que, aunque tuviera tiempo de llevarlos al zapatero, no podía dejárselos porque eran el único calzado que tenía.” Fue ese mismo par el que usó en su último viaje: se los puede ver en las fotos de su servicio fúnebre. Pese a toda la vestimenta ceremonial, caminó al otro mundo con sus borceguíes.Capitanio también rememora su permanente contacto con la gente común. “Recuerdo que una vez, en una reunión de obispos en La Plata, se le acercó a saludarlo una señora. En esa época se usaba saludar a un obispo arrodillándose y besándole el anillo. Cuando esta señora lo reconoce, se arrodilla, y cuál no sería su sorpresa cuando ve que él también se arrodilla para quedar a la misma altura de ella, y la saluda con un beso en la mejilla”.
Hasta que la salud se lo permitió, “el monse” siguió yendo a los barrios y contestando de puño y letras las cartas que le llegaban. Esta última etapa de su vida (y su particular visión) fue registrada en el documental Jaime de Nevares, último viaje (Marcelo Céspedes y Carmen Guarini, 1995), con textos de los directores y Osvaldo Bayer.
El 19 de mayo de 1995, Don Jaime finalmente “pidió pista”, como él mismo bromeaba acerca de su propia muerte. Es decir, que se le plantó hasta a la mismísima Parca.
“Dentro de lo que eran sus hermanos obispos era un bicho raro”, admite Capitanio. “Todo el mundo le reconocía su capacidad intelectual y su entrega como sacerdote, pero no todos compartían su visión”. Inés de Ragni agrega que Don Jaime “ha dejado marcas muy profundas en lo social, en lo religioso y en lo político. Donde pisaba Don Jaime florecía algo. Aunque no esté físicamente todavía sigue con nosotros.”

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Fuente: La mañana de Neuquen


Imagenes: El Cofla

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3 Comments:

At 22 mayo, 2007 11:34, Anonymous Anónimo said...

También nosotros tenemos un representante de la doctrina de Jesús que trabaja en una línea similar a la de vuestro D. Jaime y que se ha convertido en el símbolo de la lucha por los excluidos.
Se trata de Enrique de Castro, conocido popularmente como "el cura rojo de Vallecas", modesto y marginado barrio del sur de Madrid al que dedica su vida y su trabajo.

De él se dice, entre otras muchas cosas, que es:
"Azote de jerarquías eclesiásticas, de poderosos, de policías malos por sistema y de ricos sin conciencia, lo más valioso de este cura es su discurso, capaz de hacer hervir la sangre al más solidario de los mortales. Reniega de la religión y afirma su fe en Dios, su fe en la resurreción, su fe en la utopía... "

En la actualidad está enfrentado a Rouco, arzobispo de Madrid, quien ha decidido cerrarle su parroquia y convertirla en un centro de Cáritas. También él está del lado de las madres, en este caso de las madres contra la droga y, una de sus muchas frases y pensamientos con la que coincido es:
«yo atracaría si tuviera hambre, pero me da vergüenza»...

Y pensar que tras 2000 años la Iglesia apenas si ha avanzado nada, y que aún tan solo son unos pocos los que enarbolan el látigo contra la insolidaridad y el afán de poder. ¿Dónde quedó aquella social-democracia que quiso fundar Jesús?? ¿Por qué siendo más numerosos los miserables y desgraciados de la Tierra, no pudieron impedir el desarrollo de la "aristocracia eclesiástica"?.
No lo sé..., quizás sea que lloramos demasiado mucho y luchamos demasiado poco...
Para tí, un abrazo.

 
At 23 mayo, 2007 22:02, Anonymous Anónimo said...

Lo que cuenta Pegatina es casi un lugar común, pues casi siempre lo pasan mal los religiosos que no se resignan al lugarcito incivilizado que les asignan sus superiores jerárquicos (véanse por ejemplo las tremendas boludeces -sin perdón, porque así se llaman- que S.S. dijo recientemente en ocasión de su visita a O Brasil Brasileiro ;-)) o los supuestos demócratas (en España, sin ir más lejos, abundan los tipos "progresistas" que opinan que si un señor va todos los domingos a misa o cada sábado a la sinagoga o cada viernes a la mezquita, entonces no puede ser un buen tipo ni un ser civilizado; vamos, los chantas que 'nos corren por izquierda' con la sábana del fantasma para que por flojera de espíritu digamos que pensamos como ellos).

Pero yo pensaba, antes de leer el post, en añadir que de Nevares era abogado, es decir que no iba a ser un constitucionalista improvisado. Aquel Pacto de Olivos generó un engendro mutante que comenzó con la ley 24.309, promulgada por Palíndromo Carlos sin ajustarse al proceder previsto en el viejo artículo 71 de la Constitución federal, como que se APROBARON DOS TEXTOS DISTINTOS, uno en Diputados y otro en Senadores (espero por el bien del género humano que estos mamarrachos no ocurran fuera de nuestro querido país), continuó con la pretensión del Honorable (¿¿???) Congreso de la Nación de 'marcarle la cancha' a la Constituyente soberana, y terminó, tras gastarse CIEN MILLONES DE DÓLARES, en dar rango constitucional a normas necesarias pero que pudieron incorporarse por Ley Federal, quitándole al ciudadano, de hecho, el derecho de votar en blanco y que esa actitud se cuente como parte de los porcentuales de escrutinio, dándole a los ciudadanos el derecho al a 'iniciativa popular' en un patético artículo 39 nuevo, cuyo párrafo final es análogo en sus efectos jurídicos a lo de aquel cuento de Cortázar sobre las baldosas con leyendas humanitarias y de bienvenida que había (estilo, "felpudo Welcome") en el camino a la puerta de la casa de un tipo, la última de las cuales anunciaba: "esta baldosa anula todas las anteriores; ¡rajá, perro!", y otras tropelías parecidas, la más memorable de ellas, haberse OLVIDADO DE SANCIONAR UN ARTÍCULO (68 bis o 77 bis, según la fuente que uno consulte), que luego fue incorporado 'de facto' por una Ley Federal, que, voto a Hans Kelsen y su pirámide normativa, y aun a Norberto Bobbio (supuesto mentor de ciertos radicales, que dudo lo hayan leído alguna vez), es inconstitucional de manera escandalosa en cuanto a dicha innovación (para los interesados, es la 24.430). Aunque en 1956 derogaron una Constitución por decreto, así que...
Creo que el único electo que finalmente se negó a participar de esa payasada millonaria en dólares e inobservancia de los principios generales del Derecho fue el cura Jaime de Nevares. Acaso pudo y debió presentarse a la Convención y plantear en nombre de los neuquinos su discrepancia, pero le hubieran dicho, con algunos presuntos "progres" a la cabeza, que era un antiguo y que estaba rematadamente loco.
Saludos, Flaco.

 
At 20 marzo, 2012 09:02, Anonymous Anónimo said...

hola. saludos desde cordoba. estoy buscando por internet si està subido el Ultimo Viaje. Lo tengo en formato viejo y no andan los aparatos. LLoro mucho cuando vuewlvo a verlo a Don Jaime. El me casò, allà en su amado neuquèn. Lo conocì a traves de mi madre, muy devota de San Ceferino.Que Hombre, que Argentino. Que Ejemplo a seguir. Viva Don JAime !!!

 

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